A pesar de que la Rehala Capablanca forma parte del plantel oficial de rehalas con las que se echan las manchas que organizo, no creo que sea éste el momento de hablar de sus virtudes, ya que a buen seguro no sea yo el más indicado para glosarlas.

Lo que yo pretendo es simplemente dejar constancia de mi humilde homenaje a su creador. A mí me llama la atención y admiro la tremenda labor y empeño que su fundador ha puesto en ello, y me explico. Partiendo de su origen ya encontramos algo muy llamativo como son las fechas en las que fue creada. En aquellos años los medios con los que se podía contar para una actividad de este tipo eran escasos, y las razones para ponerlos al servicio de una iniciativa de esta índole más que dudosas, porque a los perros poco se les podía exigir más que una cierta eficiencia en su trabajo, muchas veces incontrastable, dada la rareza de la caza mayor y el poco conocimiento de los practicantes, que por otro lado eran pocos, por lo que poner ese empeño en una empresa de este tipo se me antoja sobresaliente.

Pero más llama la atención el lugar donde nació, un lugar que no figura en absoluto entre los legendarios o tradicionales de la montería, y en el que en aquellos tiempos la caza se refería tan sólo a la caza menuda.

El dar un paso de esta guisa en aquellos tiempos y en ese lugar nos habla ya por sí solo de la persona de José Luís Domínguez Torres, quien en este momento es el propietario de una de las rehalas más bonitas de este país, a la vez que una de las más valiosas en su cometido que puedan hollar nuestras sierras.

Pero no sólo hay que hablar de su origen atípico, sino que también su lento discurrir a lo largo del tiempo es fuera de la norma. El dedicar tantos esfuerzos a crear un tipo de perro propio, seleccionar los ejemplares, los cruces, el tipo de capa y el pelo, la alzada, la dicha, la velocidad y la constancia en los lances, así como el valor y arrojo suficientes, no es algo que se obtiene fruto de la casualidad, sino que es el resultado de años de perseverancia, pero sobre todo de tener una percepción creada idealmente en la cabeza y no cejar en el empeño hasta ver hecho realidad ese sentimiento. Eso no es fácil, y lograrlo y mantenerlo de manera que ahora su hijo pueda continuar con su obra, merece la más sentida felicitación por mi parte.

El tener una rehala es obra de los 365 días al año durante las 24 horas que tiene cada día, pero tener una como Capablanca exige mucho más. No es cuestión de mantenerla, es cuestión de que el futuro siempre ha de estar presente en el entendimiento de su propietario.

Enhorabuena José Luís.

Santiago Segovia Pérez
Capitán de Montería
Insignia de Oro de la Asociación Española de Rehalas