Querido José Luis, no podía negarme a la petición de Kiko, tu querido hijo y nunca bien ponderado perrero.
Verdaderamente cuando uno echa la vista atrás, no ve el principio del camino, aquel día en que tras una reunión en la Casa de Campo en Madrid me hice socio de la AER entrando con el nº 70.
Desde entonces hemos compartido muchas horas de teléfono, y también algunas en los pasillos de los ministerios, consejerías, y agujeros varios.
Todo ello con un objetivo claro, la defensa de la dignidad de las rehalas, de los perros que las componen y de los rehaleros que los mantienen.

No te quepa la menor duda que, de haber nacido en otro tiempo, vestiríamos armadura cuan caballeros andantes como nuestro Amadís de Gaula, eso sí sin verle la punta al negocio, no la de la lanza, que siempre llevamos en ristre, sino la de la cuenta. Pero como ésta es la época que nos ha tocado vivir, vestimos otro tipo de armadura, hecha de razón, sentido común, y sobre todo afición a nuestros perros, y por qué no decirlo a una forma de vida.

Unas veces comprendidos, otras menos, y en alguna ocasión totalmente ignorados, o vilipendiados, sabemos que hacemos lo correcto, y que si nosotros bajamos la guardia nuestro mundo está en peligro.

Esa sensación permanente de que el enemigo acecha nos hace mantenernos en guardia. Esa mano negra que sobre todo desde dentro de la Administración, siempre intenta apretar por algún sitio nos ha convertido en paladines de esta causa, acreedores del elixir de la eterna juventud.

Algún día, la vida es así, ya no estaremos, pero habremos dejado escrita una línea de actuación valiente, decidida y sobre todo honesta. No podemos buscar un punto y final a nuestra historia porque siempre será necesario que alguien tire del carro.

Nuestra misión ha sido la de crear un camino, ir en una dirección. De ello hay que sentirse orgullosos.

Tú has sido pieza fundamental, y para mí es un honor haber compartido contigo tantos combates en la Administración, ferias, mesas redondas, etc…

El motivo por el que te escribo estas líneas merece que lo celebres con la familia, los amigos, y por qué no con tus perros, pero sobre celebra que sigues señalando el camino correcto a los que vengan detrás.

Un abrazo.

Alfonso Aguado Puig