Un aburrido desayuno, muchos desconocidos en Villasayas, me llevaron a fumarme un puro al aire libre dando una vuelta a la espera del sorteo. Un camión de perros “guapos” llamó mi atención y me dedique a admirar a los protagonistas de la montería. Al poco rato se acercó un tipo alto, delgado y con acento maño. Sin preámbulo me pregunto qué me parecían los perros. Le contesté, con cierta ironía, casi seguro, que por la tarde le diría. Guapos eran, bien presentados, pero habría que ver si tenían buen amo y si sabían cazar.
Ese día, hace tiempo, comenzó una gran amistad que se mantiene con el paso de los años. Comenzó la complicidad y la apuesta por una ilusión conjunta sobre la rehala, la montería y los perreros. Son muchos años pateando manchas y oficinas. En el comienzo, acompañé a José Luis, a Tere y a un casi adolescente Kiko, con los perros por el monte.
Kiko peleaba con el monte, adelantaba a los perros en el agarre y peleaba con el GPS y con el sol con la ilusión de empujar los cochinos a los monteros.
Junto a la hoguera hemos esperado el regreso de los perros punteros, que tantas alegrías dan a los monteros, en las duras tierras sorianas. Juntos hemos llegado tarde a las judías y, lo que es peor, a recibir el agradecimiento de los monteros - casi siempre ya estaban viendo el partido en sus casas, con los trofeos en el maletero- por la labor y los lances de los perros. Juntos hemos compartido muchas latas de jamón, nuestro único consuelo junto a las chispas de las carrascas en la espera.
Hace tiempo que o los zahones han encogido o José Luis ensanchado. Pero para esto ya están los guarnicioneros que saben restañar con primor las heridas del monte o alargar los cordones para que den la vuelta a la oronda cintura del maño. Son muchos los puros que hemos fumado en estos años en largas conversaciones sobre los perros y la caza; muchos los tiros de postas que nos han enviado recibiendo certeros tiros de mostacilla en sus culos de malos monteros de nuestros trabucos dialécticos. Ninguno ha logrado hacer desistir a José Luis de sus principios, no por maño y cabezón, que también, sino por estar seguro tras haberlo reflexionado mucho de que estábamos en el buen camino. Y no han sido tiros inocentes y de escopetas negras. Tiros de alcurnia y federados que nos obligaron más de una vez a cubrirnos tras la encina o la jara. En estos tiempos que corren tener principios y mantenerlos es algo que no está de moda.
La rehala tiene que tener su sitio y los perros su presencia. Y si son de Capablanca, mejor que mejor, que destacan en el monte empujando a los negros cochinos a la línea de cazadores. Todos los campos de España conocen las ilusiones y el trabajo de José Luis por la rehala, por los perros. Cuando termina la temporada empieza el trabajo de los Capablanca, padre e hijo. Y del resto de la familia, todos implicados en la ilusión.
Fernando Villalón, el gran poeta de Andalucía la Baja, se arruinó tres veces por querer criar los toros de lidia con ojos azules. José Luis esto ya lo ha logrado. Sus perros tienen la sangre que él quiere y el valor que demuestran día a día en los agarres y en la codicia en levantar las reses. Sus hembras no pisan el monte. Aguardan a los mejores machos para dar camadas deseadas.
Querido José Luis, querido Kiko, querida familia. Mil gracias por vuestra amistad. Que espero que nos dure mucho. Aunque juntos también hemos tenido que despedir a buenos amigos y mejores perreros - Pepe Luis, Mariano Pastor- nosotros, esperemos. Tenemos que dar mucha guerra, seguro. Y, seguro, la daremos juntos.
Lorenzo de Grandes